viernes, 23 de octubre de 2020

CUBA : P. JUVENTINO RODRIGUEZ

 Cuba: Sacerdote relata la historia de nueva iglesia tras años de vida eclesial clandestina

Redacción ACI Prensa

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Iglesia de San Benito Abad. Crédito: Facebook Misioneros Claretianos en Songo - La Maya.

El sacerdote claretiano, P. Juventino Rodríguez, afirmó que la construcción de la nueva iglesia de San Benito del Crucero representa un “pequeño milagro” que abre una etapa para la vivencia de la fe católica en la comunidad cubana, tras años de no contar con un templo debido a la persecución religiosa a causa de la Revolución.

Desde que la Revolución de Fidel Castro tomó el poder en 1959, la Iglesia Católica en Cuba ha sufrido restricciones a su libertad con la confiscación de propiedades, eliminación de colegios católicos, expulsión de sacerdotes y religiosas, entre otros.

Ante la expropiación de iglesias, los fieles en Cuba ofrecían con riesgo sus casas para celebrar la Eucaristía y continuar la evangelización de forma clandestina. En los últimos años, el Gobierno devolvió algunas iglesias confiscadas, pero otras siguen en su poder y son utilizadas como depósitos, colegios, tiendas de víveres e incluso para asuntos del régimen.

En este contexto, muchas comunidades católicas se organizaron y trabajaron por muchos años para construir nuevas iglesias en varias partes de la isla. Uno de estos casos es el de la iglesia de San Benito Abad, que fue inaugurada a fines de agosto, y que hoy es “una gran bendición” para la Comunidad de San Benito del Crucero, ubicada en La Maya.

Esta comunidad forma parte de los más de 150 mil habitantes que viven dispersos en poblados y centros urbanos de los municipios de Songo La Maya y II Frente, provincia de Santiago de Cuba, que desde el 2010 forman parte de la parroquia Purísima Concepción de Ti Arriba, fundada en 1838, y regentada por los misioneros claretianos.

En declaraciones a ACI Prensa, el P. Juventino Rodríguez, sacerdote de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (claretianos) que lideró durante años el proyecto de construcción de la iglesia de San Benito, dijo que este “pequeño milagro” fue posible gracias a un gran compromiso y entusiasmo por fortalecer y contribuir al crecimiento de la comunidad católica.

El P. Rodríguez relató que este proyecto demandó años de “paciente espera” por parte de la comunidad católica, que tuvo que adaptarse a las circunstancias y desarrollar la vida eclesial en casas de misión que los mismos fieles pusieron a disposición desde que confiscaron su iglesia local.

En el pasado la comunidad contaba con una antigua iglesia de San Benito, dedicada a la Inmaculada Concepción y construida hacia 1954 por una familia de procedencia mexicana que tenía bastantes fincas en el territorio. Sin embargo, “al inicio del triunfo de la revolución”, el Gobierno de Cuba confiscó el templo.

El sacerdote señaló que el Gobierno le comunicó desde hace años al Arzobispo de Santiago de Cuba, Mons. Dionisio García Ibáñez, “que no devolvería la iglesia” y que “desde entonces, es la panadería del poblado”. “Actualmente dicha iglesia ya no existe, derrumbada por los huracanes hace ya mucho tiempo”, precisó.

Por muchos años “todo quedó paralizado y muerto”, hasta que Dulce María Guilarte, conocida como Juanita, ofreció su casa para la vida eclesial en enero de 1996, y “desde entonces se han tenido siempre las catequesis, las celebraciones de las eucarísticas y los bautizos”, con la atención pastoral de los sacerdotes jesuitas desde Santiago de Cuba, señaló.

El P. Rodríguez dijo que la vida eclesial de la comunidad de San Benito se fortaleció gracias a las casas de misión que otros fieles también pusieron a disposición por muchos años.

Entre ellos, destacó a la señora Vivian Cobas Ayala, cuya casa “fue donde más tiempo estuvo la comunidad desarrollando su vida y misión”. Lamentablemente, la casa fue destruida en 2012 por el huracán Sandy, y desde el siniestro hasta la inauguración del nuevo templo en agosto de este año, la comunidad pasó a reunirse en la casa de otra fiel católica, la señora Concha Ayala.

El sacerdote destacó la contribución de Vivian Cobas, pues ella y sus hijos donaron el terreno, que antes fue casa de misión, para construir la nueva iglesia de San Benito del Crucero, que cuenta en el sótano con un centro pastoral.

El P. Rodríguez señaló que el nuevo templo se construyó en dos años, aunque estuvo detenido por “fuerza de causa mayor” por más de ocho meses. El Obispado logró contactar a una familia de Chicago en Estados Unidos que se encargó del financiamiento, aunque toda la Iglesia en Cuba colaboró de algún modo para lograr la meta.

“Señalar a los colaboradores en la construcción de la nueva iglesia de San Benito del Crucero, no resulta fácil. Siempre fue el sueño de la comunidad, de los misioneros y del Arzobispo de Santiago de Cuba”, dijo. “El pueblo entero aportó su pequeña y simbólica ayuda para esta construcción que hoy es la alegría de todos”, agregó.

La comunidad católica de San Benito del Crucero está conformada por 30 católicos adultos y 14 niños; “sin embargo, dada la experiencia de Cuba en estos más que numerosos años, es muy difícil conocer el número aproximado de católicos. Siguen las familias solicitando el bautismo para los niños de menos de seis años”, precisó.

La consagración de la iglesia se realizó el 29 de agosto con presencia de Mons. García Ibáñez, sacerdotes y fieles católicos. Además, participaron otras casi 120 personas de la comunidad de San Benito y 100 invitados de otras comunidades vecinas de La Maya, Songo y La Prueba. “Eran cientos de personas más las que querían participar, pero no fue posible”, precisó.

Para el P. Rodríguez, ese día “la acción más significativa sin duda, fue cumplir el compromiso de visitar en los días previos a la consagración, a todas y cada una de las cerca de mil familias del poblado para informarlas e invitarlas a conocer y a visitar ‘su’ nueva iglesia”.

En medio de la alegría por el nuevo templo, el P. Rodríguez dijo que “aún a muchos cubanos les resulta una ‘heroicidad’ acercarse a la iglesia, entrar a la iglesia”.

El sacerdote explicó que tras la revolución, la Iglesia, el culto y las manifestaciones religiosas estuvieron “totalmente” prohibidas, “y hasta no hace muchos años eso siguió. Todo eso ha quedado muy marcado en la gente, porque tenía consecuencias negativas en su vida académica, laboral, social”.

“Y aunque ahora eso legalmente ha quedado superado […] la gente no lo ha olvidado y sigue teniendo temores y precauciones. Por desgracia, todavía entrar en una iglesia tiene muchos inconvenientes sociales y no resulta fácil superarlos”, subrayó.

Sin embargo, afirmó que a partir de ahora, “seguro que no resultará tan difícil abrir espacios de encuentro, de convivencia, de formación y promoción en los que pueda participar toda la población. Es un gran reto para la comunidad y para los misioneros claretianos”.

“Con la nueva iglesia y con el Centro Pastoral San Benito se abre una nueva etapa en la vida de la comunidad que augura nuevas esperanzas para la evangelización”, afirmó. 

martes, 6 de octubre de 2020

miércoles, 30 de septiembre de 2020

jueves, 24 de septiembre de 2020

martes, 11 de agosto de 2020

DÍA DE LA MISIÓN DIOCESANA

 

Queridos hermanos: El Señor os llene de paz vuestro corazón y conduzca vuestros pasos por el bien. Paz y bien a todos vosotros.

            Cuando llegan determinadas fechas, sucede que recordamos el camino que atrás vamos dejando desde que tuvo comienzo algo importante en nuestra vida y que nos ha marcado una trayectoria tanto personal como con otros cercanos que nos han podido acompañar. Así sucede con ese rito anual sencillo y cuidado en torno a nuestro cumpleaños. No es que nazcamos de nuevo, pero sí que es una ocasión de amable pretexto para dar gracias por el regalo de la vida. Y lo hacemos junto a la gente que queremos y que ella nos quiere.

            En la historia de una comunidad cristiana sucede exactamente lo mismo y vamos tejiendo nuestro calendario de fechas a no olvidar y en las que tenemos la cita del agradecimiento. Esto es lo que en nuestra Iglesia diocesana de Oviedo celebramos este año con motivo de una efeméride particularmente querida: nuestra historia misionera.

            Hace ahora cincuenta años que como Iglesia diocesana de Oviedo se realizó la apertura de la primera misión en Burundi, a la que luego seguirían Guatemala y Ecuador, y posteriormente Benín, que es donde seguimos estando. En el capítulo de agradecimientos aparecen los nombres de sacerdotes diocesanos de Oviedo, de religiosas que en algún momento también se unieron desde sus respectivos carismas e incluso algunos laicos.

            Pasan los años, y hojeando nuestros álbumes de fotos, las páginas de nuestros diarios misioneros, vemos que tenemos detrás una hermosa historia evangelizadora que ha protagonizado el Señor y tantos hermanos. Desde aquel envío primero que hizo Jesús mandando a sus discípulos para que anunciaran la Buena Noticia hasta los confines de la tierra, bautizando luego en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. Mc 16, 15-20), se han escrito tantas páginas misioneras. También ha habido escribanos de Asturias que han llevado esa bondadosa nueva a quienes no conocían a Jesús, o a quienes ayudaban a conocerlo mejor. Escribanos misioneros que han redactado con la tinta de su entrega, por amor a Dios y a los hermanos, dejando sus mejores años en esas tierras lejanas, dedicando todo su tiempo a quienes fueron encontrando, mientras construían una comunidad cristiana como casa encendida y abierta de la verdadera Iglesia del Señor.

            Mirando hacia atrás, ponemos en el altar de nuestro mejor agradecimiento los nombres de tantas personas que han ido escribiendo este relato de puro Evangelio, acercando a tantos hombres y mujeres, a niños, jóvenes y ancianos, en escenarios bien diversos, incluso arriesgados, lo que ellos habían recibido aquí en sus familias y parroquias de Asturias, en la vida cristiana que fue madurando hasta hacerse empeño evangelizador llevando a Jesús hasta donde les llevara la divina Providencia.

            Todo está escrito en el libro de la vida, que es el que Dios mismo edita cada día, tomando buena nota de nuestra esperanza cierta, nuestra fe recia y nuestra caridad solícita. Por todo ello damos gracias, a Dios y a tantos hermanos con su nombre, su edad, su recorrido misionero. Este es el motivo de nuestra alegría, cuando se cumplen de modo redondo los primeros cincuenta años de la historia reciente de nuestras misiones asturianas como Iglesia diocesana que no tiene más fronteras que las que dibuja el buen Dios que nos llama, nos consagra y nos envía.

            Con todo mi afecto, recibid también mi bendición fraterna.

 

 

 

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo