jueves, 28 de mayo de 2020

Próxima beatificación de Paulina Jaricot, una de las fundadoras de las OMP


Entre otros decretos de diversas causas de beatificación y canonización, aprobados hoy por el Papa Francisco, está el del milagro atribuido a la intercesión de Paulina María Jaricot, fundadora de las Obra de la Propagación de la Fe. La aprobación de este milagro abre el camino de la beatificación para la quien ha sido una de las precursoras e impulsoras de la responsabilidad de los laicos en la misión Junto al decreto aprobado del milagro de Paulina, están también los decretos, entre otros, de Melchor María de Marion Brésillac, el obispo misionero que fundó la Sociedad de Misiones Africanas, del misionero franciscano Cosma Spessotto, asesinado en El Salvador, y de Charles de Foucauld, el apóstol de la humanidad de Jesús entre las dunas del Sáhara.
Paulina Jaricot fue una mujer laica francesa que nunca sintió la vocación a la vida consagrada, en un contexto en el que parecía que quienes deseaban seguir a Jesucristo necesariamente tenían que emprender el camino de la consagración religiosa. Nacida el 22 de julio de 1799 en una familia de ricos industriales, Paulina recibió una buena educación cristiana. Tras varios acontecimientos personales y escuchar una predicación en la cuaresma de 1816, sufrió una transformación interior que cambiaría su vida, decidiendo vestirse como las obreras de Lyon por solidaridad con su pobreza. Decide igualmente, en un abandono total en Cristo, dedicarse a las misiones, informando de las necesidades de los misioneros y buscando su sostenimiento. Se empeñó en la tarea de formar un grupo de mujeres, que fue creciendo cada vez más, de trabajadoras de la fábrica dispuestas a rezar por las misiones y a entregar una parte de su paga para ayudarles en sus necesidades. La asociación se fue extendiendo entre gente humilde por toda Francia y así fue como, en 1822 nació oficialmente la Obra de la Propagación de la Fe, que pronto alcanzó a otros países. El impulso del Papa León XIII contribuyó de manera especial a su difusión universal. En 1922 Pío XI le concedió el título de Pontificia y, en España, es más conocida como DOMUND, en referencia al Domingo Mundial dedicado a las misiones que la Iglesia instituyó gracias a Paulina.
El milagro aprobado por el decreto del Papa Francisco tuvo lugar en 2012, en el 150 aniversario del nacimiento de Paulina. La pequeña Mayline Tran, de tres años, perdió el conocimiento debido a la asfixia por un mal tránsito de alimentos. La niña, hospitalizada en un estado desesperado tras la asfixia y una parada cardiovascular de 20 minutos, se consideraba perdida. A pesar de que se suspendió el tratamiento médico, la familia se negó a que se le retirara la asistencia vital artificial. Se hizo una novena a Paulina Jaricot, poco después, la niña se despierta, pero con daños cerebrales, y el pronóstico de estado vegetativo. Aún así, contra todo pronóstico, se curó totalmente. La curación fue sometida a un Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Lyon, del 20 de julio de 2018 al 28 de febrero de 2019. Sus actuaciones fueron envidadas la Congregación para las Causas de los Santos. La comisión médica validó la naturaleza inexplicable de la curación.

lunes, 25 de mayo de 2020

ARACELI (FERMINA ) REVUELTA ARIAS


Falleció en Bolivia a los 99 años la muy querida y gran Misionera Asturiana,Araceli Revuelta.


Nació en 1921, en Pravia-Asturias-España. 
Sus padres se llamaban Pedro y Araceli. Tuvo 5 hermanos. De joven vio morir a una de sus hermanas .Vivió la guerra civil Española (1936 – 1939), donde falleció su padre.
Ingresó a una Congregación religiosa el 7 de octubre de 1951 a los 30 años de edad. Realizó su noviciado en Pamplona-España. Fue propuesta como futura misionera. Estudió 2 carreras cortas, educadora para kínder y enfermería.
El 15 de agosto de 1954 hizo sus votos temporales como Misionera Dominica del Rosario.
En enero de 1955 parte para el Perú. Después se la destina al Colegio Virgen de Guadalupe de Ayquina en Calama, al norte de Chile. En 1958 se traslada a Lima-Perú, para preparar sus votos perpetuos y de ahí a La Paz-Bolivia, a la Capilla de Santa Rosa en La Florida.
Posteriormente, la envían a El Alto a la Parroquia Santa María de Los Ángeles. En 1968 luego a Santa Ana del Yacuma-Beni y luego a Sorata-Provincia Larecaja-Departamento de La Paz.
En Sorata permaneció 25 años principalmente en el área rural, funda un consultorio con el doctor Caro para la atención de las familias de la Cooperativa de Ahorro, Crédito y Salud. En Sorata trabajó como Jefa de Enfermeras y logró formar un dispensario. Éste consultorio y farmacia, posteriormente serían la piedra fundamental para la construcción del Hospital de Segundo Nivel de Sorata “Túpac Katari”. Al presente visita Sorata, donde algunos la conocen como la “Madre de Calcuta”, donde se creó, como re-conocimiento, un kínder lleva su nombre. Después de 25 años en Sorata, su próximo destino fue Palca-La Paz durante 3 años.
En la época del cólera, se trasladó a la frontera con el Perú. Luego regresó al Servicio Departamental de Salud de La Paz.
El 2003, el padre Ignacio Harding, le pidió que se hiciera cargo del Centro de Salud de San Antonio de Padua, que tienen los Franciscanos detrás de la Iglesia de San Francisco en la ciudad de La Paz (Murillo esquina Sagárnaga)
El 28 de julio de 2014 en el “Festejo en Cortes-Quirós-España”, la Diócesis Asturiana. La Hermana Revuelta fue homenajeada junto a los otros 4 misioneros asturianos.
El 18 de julio de 2017, recibió el homenaje de Pravia-España. Luego se proyectó un documental titulado “Bolivia, un proyecto de vida y de servicio de la Hermana Araceli”, asimismo se inauguró la exposición fotográfica “Bolivia, paisajes y gentes”.

jueves, 23 de abril de 2020

VOCACIONES NATIVAS – 3 de Mayo


En los territorios de misión surgen cada día numerosas vocaciones.
 La Jornada de Vocaciones Nativas recuerda que es necesario ayudar a las vocaciones locales surgidas en las Iglesias más jóvenes, fruto de la Palabra sembrada por los misioneros. Las Becas para Vocaciones Nativas: Son una modalidad de ayuda a la formación espiritual, académica y pastoral de las vocaciones nativas para  ayudar a sostener las necesidades de los seminarios y noviciados de los territorios de misión.
Todo el material lo podeis consultar en el siguiente enlace

lunes, 13 de abril de 2020

lunes, 2 de marzo de 2020

lunes, 17 de febrero de 2020

“Vivimos con gozo y alegría que la Iglesia reconozca este martirio"

Publicado el 14/02/2020 Arzobispado de Oviedo
“Vivimos con gozo y alegría que  la Iglesia reconozca este martirio”
Hace poco más de dos semanas el Papa Francisco firmaba el decreto de martirio de tres misioneros del Sagrado Corazón, asesinados en Guatemala, junto con siete compañeros laicos, catequistas. Uno de estos misioneros era asturiano, se trataba de Juan Alonso, natural de Cuérigo (Aller). Los episodios de violencia se produjeron a finales de los años 70 y principios de los 80 del pasado siglo, y fueron vividos en primera persona por cuatro sacerdotes asturianos que llevaban a cabo su labor pastoral, en aquellos momentos, en la misión diocesana del Quiché. Debido al peligro que corrían, y alentados por el entonces Arzobispo de Oviedo, Mons. Gabino Díaz Merchán, los sacerdotes diocesanos regresaron a Asturias; tan solo unos pocos, como Juan Alonso, decidieron voluntariamente quedarse en la zona, siendo finalmente secuestrados por el ejército y ejecutados.
El origen de la misión asturiana en Guatemala se remonta al año 72, cuando se reunieron varios sacerdotes que deseaban ir a misiones. “En aquel momento se encontraba activa la misión en Burundi –explica César Rodríguez, actual párroco de Selorio, y uno de los misioneros que vivieron en Guatemala–. Pero vimos que estaba bien abastecida de gente. Se pensó entonces en abrir horizontes y mirar hacia América. Visitamos Guatemala, Honduras y Perú, y nos decidimos por la primera porque, entre otras cuestiones, había bastantes misioneros y religiosas asturianos –en su mayoría del Sagrado Corazón y Dominicas– y nos pareció que aquella circunstancia podía facilitar nuestra estancia allí”.
Su labor en Guatemala se centraba en la atención a tres parroquias, que comprendían unas 98 comunidades. Entre semana visitaban las comunidades y el fin de semana se organizaban para celebrar la eucaristía en las parroquias cabecera. A pesar de la desproporción entre el número de comunidades para atender y el número de sacerdotes, el compromiso y la responsabilidad de los catequistas suplía las carencias. “Estos catequistas se reunían una vez al mes en las parroquias; allí revisábamos la marcha de las comunidades, trabajábamos con ellos el guión de las celebraciones que iban a tener lugar durante el mes y así funcionábamos –explica Marcelino Montoto, otro de los sacerdotes que vivió en la misión diocesana de Guatemala–. La participación de los catequistas era fundamental y de hecho cuando tuvimos que abandonar aquello y se quedaron sin obispo y sin sacerdotes, porque todos tuvimos que salir en la época de la violencia, la fe en las distintas comunidades se mantuvo gracias al trabajo y la labor de los catequistas. Por eso creo que debemos destacar el trabajo y el compromiso de los laicos en la Iglesia de Guatemala. De los siete mártires laicos que van a beatificar, dos de ellos pertenecían a nuestras parroquias. Y podrían beatificar a muchos más –añade el párroco de La Milagrosa (Gijón)– porque en aquella época de violencia mataron a un montón de gente comprometida con el pueblo”.
Un territorio en el que “siempre había violencia”, explica José María Orviz, antiguo misionero en Guatemala y actual párroco de San Esteban de Leces. “Unas veces estaba más oculta, pero los secuestros, las violaciones y los asesinatos eran el pan nuestro de cada día”. “Los paramilitares –afirma– perseguían a los líderes de las comunidades, a los catequistas y a todo aquel que defendía al pueblo.  Era común que aparecieran un día dos cadáveres en un barranco, otro día cuatro, y así continuamente”. “Al llegar nosotros –recuerda– formamos un equipo fuerte en la diócesis, ya que llegamos a ser cuatro misioneros asturianos y cinco religiosas. Esto daba cierta fuerza a la pastoral que intentábamos desarrollar en el pueblo, de tal manera que, al ser la voz de los sin voz, el ejército empezó a perseguirnos, a grabar lo que decíamos e intentar acallarnos”.  Una estrategia que no funcionó, por lo que “llegaron las primeras amenazas”.
“Acusaron al convento de Uspantán, donde vivíamos, de ayudar a la guerrilla, cosa que era totalmente falsa –explica Orviz–. Nosotros ayudábamos a los pobres. Por supuesto, ni a los guerrilleros, ni al ejército, pero este último, para intentar desprestigiarnos, pretendía acusarnos de guerrilleros. Llegaron a acusarnos de la toma de la embajada de España, donde murieron 37 campesinos de la zona de Uspantán, para confundir a sus gentes. Y entonces comenzaron a atacarnos. Vino el primer ametrallamiento, luego el segundo, y con gran tristeza tuvimos que irnos. Si nos hubiéramos quedado un día más, habrían terminado con nosotros”
“A los pocos días de irnos –recuerda José Antonio Álvarez– mataron a varios misioneros, y el obispo de la diócesis recomendó a todos los religiosos que abandonaran el lugar. Juan Alonso, asturiano, quiso quedarse voluntariamente, y el 15 de febrero de 1981, saliendo de Uspantán para decir misa, fue secuestrado y asesinado”.
Los cuatro sacerdotes que permanecieron en la misión diocesana en el Quiché, en aquellos tiempos de violencia extrema, aseguran vivir “con gozo y alegría el hecho de que la Iglesia universal, después de 40 años, reconozca a estos mártires”. Y recuerda que no se trata solo de tres misioneros mártires, sino que consideran fundamental tener presentes y no olvidar a los siete laicos catequistas que serán beatificados, y que representan a tantos agentes de pastoral que, en aquellos tiempos, “dieron la vida por el servicio al pueblo”. Allí, en Guatemala, una tierra que marcó su vida para siempre y que han procurado tener presente a lo largo de estos cuarenta años de servicio a la diócesis de Oviedo, son conscientes de que la beatificación de estos sacerdotes y laicos es “un acontecimiento y una gracia de Dios”. Ambos testimonios, la entrega de los sacerdotes y el compromiso de los laicos, ha fructificado en aquella tierra guatemalteca, multiplicando las vocaciones al sacerdocio y fortaleciendo el compromiso del pueblo.

jueves, 6 de febrero de 2020

XIV FESTIVAL DE LA CANCIÓN MISIONERA

El colegio Ntra. Sra. del Buen Consejo de Aviles , acogerá el próximo sábado 29 de febrero la XIV edición del Festival Diocesano de la Canción Misionera, en el que se darán cita cientos de niños y jóvenes procedentes de colegios y parroquias de toda Asturias.
Bajo el lema “Bautizados y Enviados” y con el hilo conductor del 25º aniversario del martirio de las beatas Caridad Álvarez y Esther Paniagua, Agustinas Misioneras mártires en Argelia, la música, la convivencia y el espíritu misionero serán los platos fuertes de este festival de referencia para toda la diócesis.

Queremos compartir con vosotros este día donde tendremos canciones, juegos y también un momento de oración pero sobre todo mucho ambiente fraterno
Como todos los años presentaremos y apoyaremos un proyecto misionero, el de las Agustinas Misioneras que desarrollan en los cerros de Cafayate, Argentina .Donde dan asilo y educación a más de un centenar de Jóvenes y adolescentes sin recursos .Esperamos que seáis generosos y solidarios

lunes, 27 de enero de 2020

JUAN ALONSO MARTIR


Sus padres, alejo Alonso Suárez (1903-1956) y Edelmira Fernández Fernández (1907-1984),eran naturales respectivamente de Felechosa y de Cuérigo. Como otros muchos asturianos, habían emigrado a Cuba siendo todavía muy jóvenes. Se conocieron en la Habana y contrajeron matrimonio en 1930, regresando a Asturias al año siguiente. Durante algún tiempo, su hogar fue el de sus abuelos maternos (Xuan de Pepa y Hermenegildo), en Cuérigo, donde nacieron los tres hijos del matrimonio (José María, Juan y Arcadio). Posteriormente, y tras una breve estancia en Felechosa, pasaron a vivir en la Barraca, en el límite con Collanzo. Durante estos años, su padre trabaja inicialmente como vigilante de minas y mas tarde como albañil y carpintero, mientras que su madre realiza actividades variadas que van desde cocinera a comadrona, desde labores del campo a tareas de servicio doméstico.

Juan asiste a la escuela de Cuérigo hasta 1947, año en que inicia sus estudios de bachillerato en el colegio “Pequeña Obra”, dirigido por la congregación religiosa en la que decidiría integrarse después definitivamente (Misioneros del Sagrado Corazón). Tras el año de Noviciado en Barcelona, realiza los estudios de Filosofía y Teología, en el periodo 1953-1960, en la Casa Escolasticado de Logroño, a la que se trasladaron también sus padres y su hermano pepín con el fin de ocuparse de las labores de cocina, de mantenimiento del edificio y de la atención a la huerta. El día 11 de junio de 1960 es ordenado sacerdote y pocos días después celebra su primera Misa en su Cuérigo natal.


A partir de ese momento, comienza la etapa de dedicación plena a la tarea misionera. Trabaja tres años en Guatemala, desplazándose posteriormente a Indonesia con el fin de sustituir a miembros de su Congregación que habían sido expulsados del país. En 1965 regresa a Guatemala y orienta su labor a la promoción material y religiosa de la zona central del Quiché, habitada mayoritariamente por indios mayas. Es detenido, torturado y finalmente asesinado por un grupo de militares o paramilitares el día 15 de febrero de 1981. Actualmente sus restos mortales descansan en el interior de la selva, muy cerca de un Iglesia (“Nuestra Señora de Covadonga”), un dispensario y un centro de ayuda social que él mismo edificó, cuidó y mantuvo activos al servicio de la comunidad maya. La percepción que esas gentes tenían de su persona, considerándole uno más de los suyos, se resume en la expresión “tierra de nuestra tierra”, que repetían en el momento de los funerales y que se encuentra en diversas cartas de condolencia que hicieron llegar a su madre.

A lo largo de sus años de vida misionera, regresó a Asturias en tres ocasiones, la última en 1977. Sus paisanos de Cuérigo mantienen vivo su recuerdo y continúan viendo en “ el nietu de Xuán de ná “ a uno de los hijos del pueblo más representativos de los valores que definen su identidad. El hecho de que sea declarado martir invita sin duda, a ir más allá del ámbito local y a situar el ejemplo de su vida en un horizonte más universal, tanto fuera como dentro de la Iglesia.
Autor:Arcadio Alonso