jueves, 10 de marzo de 2016

PASCUA MISIONERA

La Delegación de Misiones de Asturias, desde hace ya bastante años, venimos celebrando por distintos pueblos de Asturias la Pascua Misionera.
La Pascua destinada a jóvenes, en la actualidad podríamos decir que para "jóvenes adultos", aunque el rango de edad es bastante amplio.
Se trata de vivir los días importantes de la Semana Santa de una manera un poco especial, no se trata tanto de un retiro, sino más bien de una convivencia sencilla entre el grupo que participa y el pueblo en el que se celebra. Para ello además de las celebraciones habituales, se reflexiona y se trata de vivir los distintos momentos que nos ofrece este tiempo tan importante para los cristianos, en clave misionera.
Este año contaremos con la presencia del Misionero P.Eleodoro Machado Santos- Espiritanos
Celebraremos esta Pascua Misionera en Barcena del Monasterio (Tineo), del 23 al 27 de Marzo, nos alojaremos en la casa parroquial. El coste de los cinco días es de 30€, con todo incluido. Se trata de vivir estos días con cierta austeridad.
Cualquier duda podéis llamar a la Delegación de Misiones tlf:985204277
Para recibir más información a Fernándo Canga: 685.883.502
Grupo de Misiones

miércoles, 24 de febrero de 2016

Sirvientas! ¿o esclavas?

  ‘Bonne`es la palabra con la que, en la lengua de Víctor Hugo, se designa a una chica o joven que trabaja como doméstica en las casas de los otros. Aquí, sin embargo, “la bonne” es normalmente una niña, entre 8 y 15 años, que sirve sus patrones (todos los de la casa), como una verdadera esclava, si queremos de esa forma llamar a las cosas por lo que real y prácticamente expresan.
            Estas niñas vienen, o mejor dicho las traen, en general de otra región aún más empobrecida. En el origen se acepta o se ve, como una salida más a la gran miseria reinante que padecen.
            Aquí, en Bembéréké, las “bonnes” abundan y se dejan ver por todas partes. Todo el mundo las conoce y, triste o lamentablemente, su real situación no provoca reacción alguna. Se ve como algo que es así, que siempre ha sido así. Pero no, no es así y no puede ser así. Esto es lo que nos ha llevado a escribir estas pequeñas palabras, y así reanudar el diálogo con todos vosotros, con el que pretendemos acercaros la realidad que vivimos, desde la vida misma, con hechos observados por nosotros mismos o transmitidos por testigos o estudios cuidadosamente elegidos. 
En las casas “las bonnes” hacen de todo, traer agua, buscar leña, lavar, cocinar, hacer la limpieza, y todo, en general, para que los niños o las niñas de la familia puedan ir tranquilamente a la escuela y luego estudiar, descansar o simplemente no hacer nada. Nunca comen con los demás miembros de la casa, y siempre se mantienen al margen, salvo si, dolorosamente, alguno de ellos se deja llevar por sus naturales encantos y luego … Pero, ¡caray! hablamos de niñas de 10 u 11 años. Y como si todo eso fuera poco, la “bonne” tiene que producir algo y traer algo de dinero a casa. Y ahí las vemos, todos los días, por la calle, vendiendo cualquier cosa, y se acercan a ti con su cándida mirada y su carga a la cabeza, para ver si le compras unos ajos, o unas cebollas o cosas por el estilo.
            Hace unos años, durante el via crucis que inaugura nuestra anual peregrinación diocesana, aquí en Bembéréké, caminaba yo en medio de la gente cuando, hacia la tercera o cuarta estación, al lado mío, como siguiéndome, me di cuenta que tenía justo junto a mí a una de esas niñas con su carga, no sobre la cabeza, sino apoyada en uno de los lados de su cintura. Respiraba bondad, tranquilidad, se sentía a gusto, y a mí, en cambio, se me encogía el corazón. Una pequeña esclava siguiendo los pasos del gran y libre esclavo de la humanidad. Uno con la cruz a cuestas, la otra con su carga diaria, la de fuera y la de dentro, y los dos haciendo lo que tenían que hacer. Bueno, dos estaciones más adelante, me entró la tentación de cireneo y le cogí su carga. Ella hizo ademán de resistirse (el grande nunca carga con nada), pero finalmente acogió mi pequeña oferta. Cuando terminamos, ya anocheciendo, como queriendo recuperar el tiempo perdido, o temiendo el palo siempre amenazante de su patrona, me pidió precipitadamente su carga, me miró con ojos plácidos, y se marchó.


            Hace unos días conocí a Sakina, una chica musulmana de un pueblo a unos 70 kms más al norte de nuestro pueblo. Tuvo que dejar la escuela, ya a punto de terminar lo equivalente a la ESO, por que su padre la envió a trabajar a casa de una de las personas más influyentes del pueblo. Ésta, católica no muy practicante, la pidió para trabajar en una tienda que acaba de abrir al lado de su casa.  Pues el caso es que Sakina lleva trabajando allí, sin horario alguno ni reposo semanal, ya algo más de un año y lo único que come, todos los días, es pasta de maíz. Pasta de maíz por la mañana, pasta de maíz a mediodía y pasta de maíz por la noche. No sabe lo que es ni un pequeño trozo de pescado ni un pedacito de carne, ni algo que se le parezca.
            Y a los millones y millones de casos de ese o parecido estilo, las grandes organizaciones de la ONU las seguirán llamando trabajo infantil, o a la sumo, y generosas con la galería voluntarista, explotación. No, no es trabajo ni explotación, es pura y simple esclavitud que todos tenemos que combatir si queremos ser o deseamos vivir como seres verdaderos seres humanos. Lo demás son salvajadas. Un abrazo.
(Alejandro Rodríguez Catalina desde la Mision diocesana de Bembereke-Benin) 



viernes, 22 de enero de 2016

Jornada de la Infancia Misionera: "Los niños ayudan a los niños"

(Publicado en ESTA HORA)
“Los niños ayudan a los niños”. Es el antiguo pero siempre actual mensaje que promueve la Infancia Misionera y que un año más, celebraremos este próximo domingo, 24 de enero, en esta ocasión con el lema: “¡Gracias!”
Una iniciativa que nació de una forma discreta, sencilla, integrada por un grupo de niños que diariamente debían rezar un Avemaría y dedicar una pequeña limosna al mes, y que con el paso de los años se ha ido extendiendo, hasta llegar hasta nuestros días, abarcando a millones de niños procedentes de más de 130 países. 
La Infancia Misionera es, en definitiva, una obra mundial, del Papa y de toda la Iglesia. Su propósito es educar a los niños del mundo en la solidaridad misionera, en la oración y en la ayuda económica.
Fue una iniciativa pionera, adelantada en 80 años a la Declaración de los Derechos del Niño, de Ginebra, y 100 años al nacimiento de UNICEF.
Son los niños, por tanto, los protagonistas de esta campaña. Ellos, en colegios, parroquias o asociaciones, se organizan para orar y realizar diversas actividades con las que recoger fondos. El dinero que se recaude ha de ser fruto de alguna renuncia, un pequeño sacrificio que realiza cada niño para los demás. Pero no son sólo los pequeños de los países más desarrollados los que participan, sino que también los niños de países empobrecidos colaboran en la medida de sus posibilidades, de manera que todos dan y reciben, abriéndose a la universalidad.
Así se lo recordó el sacerdote diocesano Eduardo Zulaiba, párroco de Moreda, al grupo de alumnos del colegio Amor de Dios, en Oviedo, en la charla que les ofreció para hablar sobre la Infancia Misionera. El sacerdote, que el pasado mes de noviembre regresó de una experiencia en la misión diocesana de Benín (África), afirmó ante los diferentes grupos que acudieron al salón de actos, por edades, que “también los niños pueden ser misioneros”. “¿Qué pasaría si reserváseis –les dijo– diez céntimos del dinero que tenéis para chuches, para quienes no tienen nada? Quizá diez céntimos de aquí, y diez de allá, pueden significar mucho para los niños en países empobrecidos”, reflexionaba el sacerdote.
La Delegación diocesana de Misiones ha organizado durante esta semana una serie de charlas  de misioneros en distintos colegios de Avilés, Oviedo y Gijón, para sensibilizar a los más pequeños sobre esta campaña, y narrar sus experiencias en territorios de misión. En concreto, el sacerdote Eduardo Zulaiba recordó, en el colegio Amor de Dios, que los niños asturianos recaudaron el año pasado 18.000 euros, “con lo que se pueden hacer muchas cosas en África”, señaló. Además de la ayuda económica, “los cristianos rezamos, porque creemos en el valor de la oración, y porque creemos que Dios va a ayudar a esas personas. ¿Qué pasaría si todos rezáramos a diario un Avemaría por ellos?”, les preguntó.
En su exposición, el párroco de Moreda describió a los niños, mediante fotografías, la vida en la misión de Bembereké, donde se encuentran dos sacerdotes asturianos. “Tenemos en Benín un cachín de Asturias”, les dijo. A través de la presentación, fue mostrando las diferentes iglesias que se han ido construyendo en la Misión. “Primero, cuando los misioneros llegan a un poblado donde no conocen a Dios, y no hay Iglesia, se reúnen debajo de un árbol con la gente, y empiezan a hablar de Jesucristo: lo que predicó, lo que nos enseñó, la manera de vivir que Él proponía. Si la gente así lo desea, comienzan haciendo una capilla con unas ramas, y con un altar de tierra, todo muy pobre y sencillo. Sin embargo, a medida que el grupo va creciendo y se fortalece su fe, la Iglesia se construye de una forma más sólida”.
Sobre los niños africanos tuvo también palabras el sacerdote, de quienes dijo que “se portaban muy bien en misa, que allí duran unas dos horas y son una auténtica fiesta, de baile y cánticos. En la Misión de Bembereké tenemos un internado con chicos cuyos poblados están lejos; allí pueden tener tres comidas al día, se les facilita estudiar y asistir al colegio, y no tienen que dedicarse a trabajar la tierra, como harían en su casa. Aún así, no tienen grandes lujos: hasta hace poco no tenían ni colchones, tienen que prepararse ellos la comida y su vida no es fácil, sin embargo, no pierden la sonrisa, a pesar de que no tienen nada. ¡Cuánto podemos aprender de ellos, nosotros que nos quejamos tanto!”, les decía a los niños, que escuchaban atentos. De ahí la importancia del lema de la campaña, “¡Gracias!”, una “palabra que estamos olvidando”, les dijo el sacerdote, y añadió, para finalizar que “hay mucha gente esperando oír hablar de Jesucirsto. Se necesitan personas dispuestas a caminar a su lado para dar, sin esperar nada a cambio, como los misioneros”.
En la campaña de la Infancia Misionera, todo el dinero recaudado va destinado al Fondo Universal de Solidaridad de la Obra de Infancia Misionera, y desde ahí, se reparte en proyectos principalmente de sanidad, de educación, o de evangelización, principalmente en África, seguida por Asia, América y Oceanía.
La aportación mundial de Europa en el año 2014 fue de 10.813.694,07 euros; de América, 2.057.123,07 euros; de Asia, 1.579.314,40 euros; de Oceanía 2.165.754,57 euros y de África, 700.170,77 euros. Los niños españoles son los segundos más generosos con la infancia misionera, después de Alemania, con 2.727.721,66 euros, en el 2014.
“Los profesores tenemos que sembrar” 
En el colegio Amor de Dios, en Oviedo, llevan semanas hablando sobre la campaña de la Infancia Misionera. Ya desde antes de Navidad, los profesores han trabajado con los niños la importancia del compartir. Begoña Rubio Santiago, profesora del colegio y tutora de Primaria, señala ya que “desde por la mañana, comenzamos con una oración, a las 9, recordando las necesidades de tantos pequeños en el mundo. Les hablamos con un lenguaje muy sencillo, les explicamos el cartel de este año, con el lema “¡Gracias!”, y les insistimos en que los niños que pasan necesidades son exactamente iguales que ellos, pero que no han tenido tanta suerte. Ellos tienen ropa, colegio, mamá y papá, y si se ponen malos, pueden ir al médico, pero éstos no tienen ropa que vestir, ni comida que comer, y si se ponen malitos los papás no les pueden llevar al médico; de hecho, muchos de ellos no tienen papás, especialmente en aquellos países donde hay conflictos y guerras”.
La sensibilización comenzó antes de Navidad, y en vacaciones “se llevaron todos sus huchas, para ponerlas al lado del belén. Les explicamos –señala Begoña–, que cuando viniera gente a casa y les preguntaran por la hucha, ellos podrían explicar que es para ir metiendo algo de dinero para los niños que no tienen tanta suerte como ellos. Y ellos, todos los domingos, por ejemplo, si los papás les dan dinero para chuches, pueden sacrificarse un día y ese dinero meterlo en la huchita, y se van mentalizando”. Una labor gratificante, reconoce la profesora, que comprueba cómo los niños “son receptivos, a veces pensamos que no se acuerdan de lo que les decimos, pero no es así, claro que se acuerdan, y nuestra labor como profesores es sembrar, porque luego eso queda ahí”.
Así lo demuestra Lucía Cerrada Velasco, alumna del colegio, de sexto de Primaria. Con once años, señala que la campaña le parece una “buena acción, porque nosotros tenemos mucho dinero y muchas cosas y los otros niños no lo tienen. Yo creo que tenemos los mismos derechos: a tener a una casa, una educación, y vacunas”. El lema “¡Gracias!” es importante –según ella– “porque muchos de nosotros, cuando nos dan algo y no nos gusta, no lo queremos, y no pensamos en los niños que darían lo que fuera para tenerlo. Tenemos que aprender a agradecer”.



    

martes, 5 de enero de 2016

FALLECE EL PADRE PIN

Ha fallecido el P. José Díaz Díaz, (el Padre Pin), ayer en la residencia de la casa de los Misioneros del Sagrado Corazón en Valladolid. Muchisimos años de capellán en las Hermanitas de la Cruz.
El funeral será hoy martes 5 ,a las 11 de la mañana en el templo parroquial de Ntra. Sra. del Sagrado Corazón, (la pequeña Obra) y se llevará el féretro a Soto de Aller (Asturias) para celebrar allí otro funeral a las 16:00 y enterrarlo en el panteón familiar.
Oremos por su eterno descanso y que Dios le premie su gran labor misionera.l

La página de Soto de Aller
PERSO.WANADOO.ES

jueves, 31 de diciembre de 2015

NAVIDAD EN BEMBEREKE

Como todo el mundo sabe, la Navidad es una fiesta cristiana en sentido estricto, inculturada en otras mucho más antiguas que celebraban los más importantes cambios en este reducido espacio del inmenso universo global. Con el paso del tiempo, esta fiesta ha influenciado la vida de casi todas las sociedades.
En Benin, como en muchos otros lugares, la fiesta de la estricta navidad se centra en las comunidades cristianas. En las nuestras en concreto, se hacen coincidir con el Bautismo de los niños. Algo que contribuye a su embellecimiento. Todos los templos se adornan con guirnaldas, globos, dibujos, creando el mejor ambiente festivo posible. Y, claro, no falta el belén, con pocas y sencillas figuritas, las luces intermitentes y, eso sí, una buena cabaña que semeja a las más humildes mansiones de nuestra buena gente.
En algunas de nuestras comunidades cristianas, los jóvenes representan diferentes escenas del evangelio de Lucas, bajo la admiración de un pueblo que se siente especialmente identificado con lo que contempla, y desborda frecuentemente sus sentimientos de admiración, gozo y alegría. Nuestros pequeños pueblos se llenan de bote en bote, y no son pocos los que no siendo cristianos se unen a la fiesta, especialmente a la gran comida del día siguiente, regada no con champán, pero sí con algo de chapalote (especie de cerveza de mijo) y bien sudado de danzas y cantos interminables. Música y danzas inherentes al ser africano.
Algo muy laudable y digno de resaltar es el hecho de que, tanto en la comida de Navidad (no cena), como la de Pascua, participa toda la gente del poblado, musulmanes, seguidores de la religión tradicional, etc. Contribución al tan ansiado respeto a la rica diversidad.
Otro dato importante es la manera de vestirse. Como la mejor expresión del ser africano es todo aquello que toca en profundidad lo comunitario, son muchos los que ese día se visten de la misma manera. Compran el mismo tejido, de la misma forma, del mismo color, algo que eleva la belleza a lo más sublime. Los villancicos no existen, pero no faltan cantos al niño de Belén, a la Madre, al Salvador y Liberador de la humanidad entera.
A nosotros los misioneros asturianos, y a nuestros amigos de Logroño y Barbastro, no nos falta casi nada de lo que adorna nuestra comida en España, gracias a la generosidad de las familias, las amistades y de alguna que otra parroquia como el grupo de misiones de Pola de Siero. Y hasta podemos compartir con los chavales de nuestro Hogar-Internado.
Dos de ellos me han pasado alguna nota para completar esta colaboración. Para ellos la Navidad es sobre todo la fiesta de los niños. Sus padres hacen lo posible para que vivan unos días más felices y contentos. Les ponen ropa nueva (¿?), sobre todo para ir a la Eucaristía y, si se puede, se come un poco mejor, al menos un pequeño trozo de pollo o de carne de cerdo (a la que yo ya renuncié para proteger mi débil dentadura), en lugar de los despojos habituales. Y no puede faltar, claro, el arroz y los spaguetis, todo bien picantito.
Lo más guapo y simpático son los cantos de los niños por la calle. Cualquier cosa que suene sirve como instrumento, latas, botellas y algún viejo tambor, mucho más viejo que el de Rafael (o Raphael, como queráis). Y los menos niños, pues a jugar al fútbol, pegando patadas a cualquier cosa redonda.
Que la alegría sea siempre fuente de vida y de paz, y que haga crecer la misericordia para con los demás. FELIZ NAVIDAD!!! (¿porqué renunciar a esta belle expresión con largas y rebuscadas frases?) Un abrazo. Alejandro.