viernes, 4 de junio de 2021

ALFONSO POMBO-TRES MESES INTENSOS

 Ya han pasado tres meses desde que llegué a Honduras y el tiempo parece que vuela. Han sido tres meses intensos en los que me he ido adaptando a la realidad tan dura de este país y al trabajo diario en la casa Populorum Progressio con las chicas. A pesar de que el proceso de adaptación todavía me


llevará un tiempo, la dinámica de la casa exige ponerse al día rápido con los proyectos y actividades cotidianas.

Una de estas actividades es la preparación de las jóvenes para el examen de ingreso a la universidad. Desde que llegué, he intentado ayudarlas en la prueba de matemáticas. Hace un mes hicieron el examen y, cinco de las seis jóvenes que se presentaron, pasaron la prueba. Estamos muy contentos porque es una oportunidad única que tienen para poder continuar con sus estudios en alguna de las residencias que la organización ACOES tiene en Tegucigalpa.

Desgraciadamente, en las zonas rurales de Honduras, y muchos otros países, estudiar no resulta nada fácil. A la carencia de infraestructuras y la baja formación del profesorado, se junta la escasa conciencia que hay por parte de las familias de la importancia de la educación para sus hijos.

Cuando terminan sexto grado (formación básica), muchos alumnos de las aldeas, tienen que desplazarse a centros escolares situados en pueblos más grandes. Es entonces cuando empiezan las mayores dificultades. Muchos jóvenes, bien por falta de recursos económicos o porque tienen que trabajar en el campo para ayudar a su familia, abandonan los estudios de manera temprana.

Si ya la situación es grave de por sí, para las niñas es todavía más preocupante. En una sociedad fuertemente machista, la mujer ocupa un lugar de subordinación respecto al hombre. Muchas niñas, cuando terminan la formación básica, se quedan en su casa para ayudar a sus madres en los quehaceres domésticos. A esto, se añade el alto número de embarazos en adolescentes, con el consiguiente perjuicio para el proceso educativo de la joven.


Desde la residencia, no solo apoyamos a las niñas en sus tareas escolares. También intentamos desarrollar en ellas habilidades y estrategias que por vivir en una sociedad tan machista, no tienen adquiridas. La toma de iniciativa, la asunción de responsabilidades en los diferentes proyectos que se llevan desde la casa, la resolución de problemas o cosas tan sencillas como agarrar un teléfono para hablar con un profesor, se trabajan con ellas.

Otro aspecto fundamental es la faceta espiritual. Todos los días tenemos laudes y vísperas y una vez a la semana realizamos la lectio divina con la lectura del evangelio del domingo. Se pretende que las niñas descubran la riqueza de la Palabra De Dios en sus vidas y la lleven a la práctica, especialmente en lo que se refiere a su compromiso con la justicia y la ayuda a los más necesitados.

El objetivo final es que las jóvenes sean protagonistas de su propia vida, que nadie tome decisiones por ellas y que lleguen a ser ciudadanas que colaboren en el desarrollo económico y social de Honduras.

Desde Copán, os mando un abrazo fraterno.

Unidos en la misión,  Alfonso

jueves, 20 de mayo de 2021

EUCARISTIA - BEATO JUAN ALONSO FERNANDEZ (M.S.C.)



Como sabéis, el pasado 23 de abril tuvo lugar en la población de Santa Cruz (Guatemala). la beatificación de Los Mártires de El Quiché, entre los que se encuentra el sacerdote allerano P. Juan Alonso Fernández, de la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón. El P. Alonso, fue torturado y asesinado por miembros del Ejército de Guatemala el 15 de febrero de 1981.

Para poner de relieve este acontecimiento martirial, de honda significación cristiana y de notoria importancia para la historia de nuestra Iglesia diocesana, celebraremos una eucaristía de acción de gracias en la Catedral de Oviedo el viernes 28 de mayo, a las 19,30 h., que será presidida por el Sr. arzobispo de la diócesis D. Jesús Sanz Montes.

Con ocasión de esta misa de acción de gracias por la vida entregada y generosa hasta el martirio del P. Alonso, queremos, también, recordar las estrechas relaciones de colaboración misionera y de promoción humana que a finales de los años setenta establecieron la Iglesia de Asturias y la Diócesis de El Quiché a través de los obispos don Gabino Díaz Merchán y don Juan Girardi, Obispo de Santa Cruz de El Quiché. Su sensibilidad misionera hizo posible la firma de un importante convenio de cooperación pastoral en cuya realización práctica participaron muy activamente los sacerdotes asturianos César Rodríguez, José M. Orviz, Marcelino Montoto y José A. Álvarez, entonces misioneros en aquella zona, en cercanía permanente con los Misioneros del Sagrado Corazón y las diferentes etnias mayas que estaban siendo sometidas a explotación económica, marginación social y violencia arbitraria, sin un horizonte de esperanza para los suyos.

Esta estrecha vinculación de nuestra Iglesia diocesana con el medio sociocultural y el convulso entorno político y religioso en que los nuevos beatos -tres sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón y siete colaboradores seglares- iban a dar su supremo testimonio de fe y amor, constituye un motivo de gozo para todos, al tiempo que una interpelación explícita a nuestras comunidades cristianas que se afanan por mantener vivo el ideal misionero, el aliento profético y la fidelidad al mensaje evangélico en el aquí y ahora de nuestra historia.

Agradeciéndoos vuestra presencia y colaboración misionera, recordamos hoy aquellas palabras del beato mártir Juan Alonso, evocando un pasaje de San Pablo a los Corintios, y que solía repetir con frecuencia en sus últimas misas con las gentes de El Quiché, tal como dejaron constancia algunos ancianos catequistas y amigos que le recuerdan hoy: “Para vida o para muerte, os llevo en el corazón “(2 Cor. 7,3). Fue esa plena disponibilidad para el don de sí mismo, la que le llevó al martirio, dejándonos una excelente lección de sabiduría cristiana: que hay que decir la verdad que se proclama hasta con la propia vida.

Os saludamos con afecto

 

D. Arcadio Alonso Fernández                                                                     D.   Pedro Tardón

               (Hermano de Juan Alonso)                                                                     Delegación de Misiones

jueves, 8 de abril de 2021

lunes, 5 de abril de 2021

Desde Honduras El misionero Alfonso Pombo ,nos felicita la Pascua



Os escribo el Domingo de Resurrección desde el pueblo de Copán Ruinas, en Honduras. Muy cerca de la frontera con Guatemala. Llevo algo más de un mes en el país y me gustaría compartir con vosotros mis primeras impresiones.

Cuando llegué al aeropuerto de San Pedro Sula, mis compañeros de OCASHA Lucía y Jesús me estaban esperando. De ahí fuimos directamente a Tegucigalpa para arreglar papeles y conocer la sede y algunos de los recursos que Acoes (la organización para la cual estamos realizando nuestra tarea misionera) tiene en la capital hondureña.

Acoes es una asociación fundada por un sacerdote español que se dedica fundamentalmente a la promoción de la educación en la juventud hondureña. Posee diferentes recursos (centros infantiles, centros de capacitación, residencias de estudiantes, escuelas…) en la capital y a lo largo de todo el país.

Tegucigalpa es una ciudad violenta y hostil. Gran parte de sus colonias (barrios) están controladas por las pandillas, grupos organizados de jóvenes violentos que ejercen extorsión y otros actos delictivos. En este contexto, Acoes trabaja con la juventud de las zonas más desfavorecidas y violentas, dando una oportunidad a sus jóvenes para salir del círculo de la pobreza y la delincuencia.

Tras esos primeros días en «Tegus», nos pusimos rumbo a Copán, nuestro destino en la misión. Allí Acoes tiene una residencia Populorum Progressio, espacios para que la juventud de las zonas rurales del país pueda completar su proceso de formación.

El pueblo de Copán Ruinas es uno de los escasos destinos turísticos del país, ya que en sus proximidades se encuentran unas conocidas ruinas mayas. Es por eso que el casco urbano está cuidado para acoger la avalancha de visitantes que recibe el pueblo. Desafortunadamente, una vez que se sale de esa zona, lo que predomina es la pobreza y la escasez de recursos. Las aldeas que configuran el municipio, están por lo general mal comunicadas y con dificultades para acceder a servicios básicos.

En referencia a la educación, la situación es preocupante. Las escuelas en las aldeas solo llegan hasta sexto curso. Si un joven quiere seguir formándose, tiene que enfrentarse a diferentes obstáculos, empezando en muchas ocasiones por la propia familia, que no ve en la educación un medio para el progreso de sus hijos.

La residencia Populorum es un espacio donde las jóvenes de la zona que quieran seguir estudiando, tienen la oportunidad de hacerlo. Desde aquí se les brinda ayuda y un acompañamiento integral, tanto en las tareas escolares, como en el área espiritual o en la convivencia diaria.

Es en este proyecto donde estoy colaborando junto con la compañera Lucía de OCASHA. Llevo apenas un mes y todavía estoy en proceso de adaptación. Conociendo a las chicas y acostumbrándome a la dinámica de la casa, pero por el momento muy contento con la acogida recibida y el trabajo que se hace.

Otro aspecto muy interesante del trabajo, es que se colabora con la educación de los niños de las familias más desfavorecidas de las aldeas de alrededor con dos proyectos: Becas y Maestro en Casa. Ambos pretenden que el proceso educativo de los menores no se trunque por la falta de recursos de sus familias.

Como podéis ver, trabajo no falta ya que las necesidades son muchas y, aunque hay situaciones muy difíciles, las ganas que demuestran las chicas para superarse y mejorar su situación, lo compensa todo.

Estos días, viviendo la Semana Santa en el pueblo, he pensado mucho en cuántos crucificados todavía hay en este mundo que clama de dolor. Pero no podemos quedarnos solamente en la cruz, ya que creemos en un Dios que resucita y vence a la muerte. Como decía Pedro Casaldáliga, los cristianos tenemos dos opciones: o VIVOS o RESUCITADOS.

Os deseo a todos una feliz Pascua de Resurrección y que el Señor nos ilumine siempre en nuestro caminar.

Un abrazo fraterno.

Alfonso