martes, 10 de agosto de 2021

DIA DE LA MISION DIOCESANA


 Queridos hermanos y hermanas: paz y bien.

            Hay jornadas durante nuestra andadura pastoral cada año, que vienen a recordarnos aspectos de nuestra vida que tiene como objeto focalizar cosas importantes que tal vez tendemos a olvidar o descuidar. Una de esas citas es el día de la Misión diocesana. Este año tiene como lema “con ellos vamos todos”. Ya es significativa la expresión, porque nos implica a todos los bautizados en esa dimensión cristiana que es la vocación misionera que todos tenemos por el hecho de ser discípulos de Cristo. Algunos hermanos han ido explícitamente a tierras de misión dejando familia, tierra y cultura, pero todo lugar es tierra de misión cuando se da la urgencia de anunciar el Evangelio en un mundo neopagano.

            Por nuestros lares andamos ya cerrando el curso pastoral cuando escribo estas líneas. Queda atrás este tiempo en el que, durante demasiados meses, nuestra vida ha quedado al albur de una circunstancia con la que nadie contaba, pero que ha condicionado completamente nuestras vidas. La pandemia ha puesto a prueba la solidez de nuestra fe que profesamos, de la esperanza que nos sostiene y del amor que nos embarga. Hemos experimentado en mayor o menor medida la inseguridad, el miedo también, y la confianza sin fisuras cuando hemos puestos toda nuestra vida en las manos providentes del Señor.

            Poco a poco, vamos descubriendo que hay vida después de la pandemia, y que las vacunas, aunque nos puedan proteger, no nos devuelven la alegría verdadera y las ganas de seguir siendo misioneros de la Buena Noticia ante nuestros contemporáneos. Es por este motivo, que hemos de ayudarnos mutuamente para que recuperemos la normalidad de la vida cotidiana en cuyos entresijos nos espera siempre Dios. Es hermoso ver cómo tras el diluvio viene siempre la vida renovada, la que el Señor vuelve a regalarnos tras la purificación que ha supuesto esta prueba con la que ninguno contábamos. El equipaje quizás se ha hecho más ligero. Los horizontes los ha vuelto a dibujar Dios. Y la necesidad de comunicar la gracia que inmerecidamente hemos recibido con el encuentro con Jesús, es lo que nos hace propiamente misioneros, estemos donde estemos.

  Como Archidiócesis de Oviedo estamos de celebración de bodas de oro, con los cincuenta años de presencia misionera reciente. Se ve que Asturias, como Iglesia, como comunidad cristiana que es dentro de ese espacio que nos enmarca y dentro del tiempo que ahora nos pertenece, es algo más que cuanto sucede entre los dos puertos: el puerto de Pajares que nos abre a la meseta castellana y leonesa, y el puerto del Musel que nos pone delante el mar Cantábrico con todos sus horizontes abiertos. Salir de la tierra, es decir, dejarse empujar libremente, sabiendo que la mano que tienes detrás es esa con la que Dios mismo nos anima en nuestros desánimos, acaricia con toda su ternura, o nos detiene ante nuestros precipicios por sí mismo o a través de sus ángeles. Sal de tu tierra” (Gén, 12,1) se le dijo a Abraham cuando el mismo Señor le quiso asomar a lo que ni él imaginaba para poderlo sorprender. Ahora nosotros, queremos también dejarnos sorprender por ese Dios amable y cómplice de lo bueno, lo verdadero y lo bello, y jamás rival de nuestra felicidad. Nos dejamos llevar por Él a donde Él nos quiera enviar.

Nuestra Archidiócesis de Oviedo ha escrito a través de su historia muchas páginas misioneras, cuando surcando sus bellas fronteras, dejando atrás sus valles y montañas, sus acantilados en la cornisa cantábrica, sus villas y cuencas, pueblecitos y ciudades, se ha dejado llevar por quien nos llama, nos consagra y nos envía. Anunciar el Evangelio que no defrauda, contagiar la alegría del encuentro con el Señor Jesús, construir con cada pueblo una nueva comunidad cristiana como Iglesia viva. Esto es lo que celebramos con motivo de estos cincuenta años de vida misionera diocesana, en los distintos escenarios por los que pastores con su ministerio sacerdotal, religiosas con sus carismas y laicos con el compromiso de su bautismo hemos ido compartiendo y anunciando como esperanza para aquellos a los que fuimos enviados. Dios sea bendito en los hermanos.

  Deseando que todo vaya según el Señor, os animo a cuidaros, mientras construimos juntos el Reino de Dios con su ayuda y la de la Santina y San José. Todos somos anunciadores de la Buena Noticia de Jesús, y con nuestros misioneros vamos todos. Un abrazo fraterno y mi bendición.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

martes, 13 de julio de 2021

DIA DE LOS MISIONEROS ASTURIANOS

 


La diócesis de Asturias cuenta en estos momentos con 135 misioneros distribuidos por 41 países de misión y que son el centro de esta jornada.

El día 28 de julio, coincidiendo con la fiesta de S. Melchor y la celebración anual del Día de los Misioneros Asturianos, con el lema HERMANOS DE TODOS, HERMANOS NUESTROS  tendrá lugar la entronización de una reliquia del Beato Juan Alonso, Misionero del Sagrado Corazón y mártir del El Quiché, en la Iglesia parroquial de su aldea natal de Cuerigo, Aller.

La Celebración Eucarística será a las 12,30 h. y estará presidida por unos compañeros de su Congregación. En el caso de que estéis descansando en Asturias en esas fechas, podéis poneros en contacto con esta Delegación de Misiones en el teléfono  985 20 42 77.

Recordemos la situación en la que nos encontramos , hay limitación de aforo , y tendremos que ir con mascarilla, este año sintiéndolo mucho solo nos reuniremos  los misioneros que llegaron y llegaran   de sus países de misión para pasar unos días en familia y descansar   y los ya regresados.

 

miércoles, 23 de junio de 2021

viernes, 4 de junio de 2021

ALFONSO POMBO-TRES MESES INTENSOS

 Ya han pasado tres meses desde que llegué a Honduras y el tiempo parece que vuela. Han sido tres meses intensos en los que me he ido adaptando a la realidad tan dura de este país y al trabajo diario en la casa Populorum Progressio con las chicas. A pesar de que el proceso de adaptación todavía me


llevará un tiempo, la dinámica de la casa exige ponerse al día rápido con los proyectos y actividades cotidianas.

Una de estas actividades es la preparación de las jóvenes para el examen de ingreso a la universidad. Desde que llegué, he intentado ayudarlas en la prueba de matemáticas. Hace un mes hicieron el examen y, cinco de las seis jóvenes que se presentaron, pasaron la prueba. Estamos muy contentos porque es una oportunidad única que tienen para poder continuar con sus estudios en alguna de las residencias que la organización ACOES tiene en Tegucigalpa.

Desgraciadamente, en las zonas rurales de Honduras, y muchos otros países, estudiar no resulta nada fácil. A la carencia de infraestructuras y la baja formación del profesorado, se junta la escasa conciencia que hay por parte de las familias de la importancia de la educación para sus hijos.

Cuando terminan sexto grado (formación básica), muchos alumnos de las aldeas, tienen que desplazarse a centros escolares situados en pueblos más grandes. Es entonces cuando empiezan las mayores dificultades. Muchos jóvenes, bien por falta de recursos económicos o porque tienen que trabajar en el campo para ayudar a su familia, abandonan los estudios de manera temprana.

Si ya la situación es grave de por sí, para las niñas es todavía más preocupante. En una sociedad fuertemente machista, la mujer ocupa un lugar de subordinación respecto al hombre. Muchas niñas, cuando terminan la formación básica, se quedan en su casa para ayudar a sus madres en los quehaceres domésticos. A esto, se añade el alto número de embarazos en adolescentes, con el consiguiente perjuicio para el proceso educativo de la joven.


Desde la residencia, no solo apoyamos a las niñas en sus tareas escolares. También intentamos desarrollar en ellas habilidades y estrategias que por vivir en una sociedad tan machista, no tienen adquiridas. La toma de iniciativa, la asunción de responsabilidades en los diferentes proyectos que se llevan desde la casa, la resolución de problemas o cosas tan sencillas como agarrar un teléfono para hablar con un profesor, se trabajan con ellas.

Otro aspecto fundamental es la faceta espiritual. Todos los días tenemos laudes y vísperas y una vez a la semana realizamos la lectio divina con la lectura del evangelio del domingo. Se pretende que las niñas descubran la riqueza de la Palabra De Dios en sus vidas y la lleven a la práctica, especialmente en lo que se refiere a su compromiso con la justicia y la ayuda a los más necesitados.

El objetivo final es que las jóvenes sean protagonistas de su propia vida, que nadie tome decisiones por ellas y que lleguen a ser ciudadanas que colaboren en el desarrollo económico y social de Honduras.

Desde Copán, os mando un abrazo fraterno.

Unidos en la misión,  Alfonso