“Tú amas la
justicia y odias la impiedad” (Sal 45, 8)
El día 14 de enero, unos días
antes de cumplirse el décimo aniversario de la destrucción de 60 viviendas
en
un camino público por los guardias campestres del Central Romana (CR), 26 de
enero de 2016, se llevó a cabo el desalojo de la Familia Mota Marte en el
centro de la ciudad de Santa Cruz de El Seibo. Fue al mediodía, no como aquella
noche del natalicio de nuestro Patricio Juan Pablo Duarte a las 3 de la
madrugada. Esta vez había muchos agentes de la Policía Nacional y del CR que,
con una orden de desalojo, sin firmar ni sellar, comenzaron a ejecutar la ira
de un fiscal que siempre ha ignorado y criminalizado a los preferidos de Jesús
que sufren numerosas violaciones a la dignidad.
La mediación de Mons. Jesús
Castro, siempre atento a quienes sufren, sólo pudo detener por unos minutos
esta inhumana costumbre de desalojar a quienes ya no sirven a la empresa pues
siempre es posible una alternativa digna para las familias que sufren estas
injusticias a la luz del Artículo 59 de la Constitución. A destacar y agradecer
su ánimo y consejo: “sigue hacia adelante luchando por los pobres”. También
son bálsamo las palabras de Fr. Javier Carballo: “se ha dado visibilidad a
la injusticia” y de Fr. Jesús Díaz: “rezo por ti”.
Es justo recordar que más del 70% de la tierra de El
Seibo está ocupada por el CR, fruto de la usurpación a los campesinos que caían
presos, ya sea con caña de azúcar o potreros. El azúcar que produce representa
más del 70% de la producción total del país, más de 1.000 toneladas
esclavizando a unas 25.000 personas, en su mayor parte inmigrantes o hijos de inmigrantes
haitianos. Sigue inspirando el pensamiento de Mons. Juan Félix Pepén: “el
monocultivo asfixiante que ha trastornado totalmente la vida social y económica
de esta región. El mal uso de la tierra, usada extensivamente contra todos los
principios de la técnica agrícola y de la comunidad social” (Carta Pastoral
“Sobre el problema agrario y sus soluciones”, Higüey 1969).
En la distancia del océano pero
en la sintonía con la dignidad agradecemos las palabras de Isabel Farfán y
Marta Sáiz, muy sensibles a esta sangrante realidad: “en El Seibo brota la
vida y se pone de relieve la espiritualidad encarnada, se hace evidente cómo
Dios habita en las personas y cómo no hay mejor forma de amar a Dios que
respetando la dignidad de cada uno de sus hijos/as. La justicia no es posible
cuando no se pueden hacer valer los derechos recogidos en las leyes, o cuando
las leyes no reconocen ni protegen los derechos naturales. Dios se hace más
presente que nunca en las personas ultrajadas. Afortunadamente, nada ni nadie puede
robarles el Reino de los Cielos, es y será de ellas, de forma eterna. Dios mira
el corazón e imparte justicia. Traigamos a El Seibo el Reino de los Cielos;
hagamos justicia aquí. Entre todos, es posible. El Seibo presente en nuestras oraciones”.
Fr. Miguel Ángel Gullón Pérez,
O.P.




.jpeg)

.jpeg)


.jpeg)
.jpeg)










































