jueves, 19 de febrero de 2026

"Dios mira el corazón e imparte justicia. Traigamos a El Seibo el Reino de los Cielos; hagamos justicia aquí”

 

“Tú amas la justicia y odias la impiedad” (Sal 45, 8)

El día 14 de enero, unos días antes de cumplirse el décimo aniversario de la destrucción de 60 viviendas
en un camino público por los guardias campestres del Central Romana (CR), 26 de enero de 2016, se llevó a cabo el desalojo de la Familia Mota Marte en el centro de la ciudad de Santa Cruz de El Seibo. Fue al mediodía, no como aquella noche del natalicio de nuestro Patricio Juan Pablo Duarte a las 3 de la madrugada. Esta vez había muchos agentes de la Policía Nacional y del CR que, con una orden de desalojo, sin firmar ni sellar, comenzaron a ejecutar la ira de un fiscal que siempre ha ignorado y criminalizado a los preferidos de Jesús que sufren numerosas violaciones a la dignidad.

Dña. Magalis, viuda de D. Cheché, quien murió electrocutado hace 5 años cuando cuidaba las vacas del CR, no recibió indemnización alguna. Vivían en la casa por más de 35 años y sin aviso previo, como rigen las leyes, se presentaron a desalojarles. Fueron nueve personas de la familia que sufrieron esta humillación, entre ellas dos niñas que pasadas dos semanas todavía no han vuelto a la escuela. Ahora están en una casa alquilada por 12.000 pesos al mes que pagan gracias a la solidaridad de muchas personas.

La mediación de Mons. Jesús Castro, siempre atento a quienes sufren, sólo pudo detener por unos minutos esta inhumana costumbre de desalojar a quienes ya no sirven a la empresa pues siempre es posible una alternativa digna para las familias que sufren estas injusticias a la luz del Artículo 59 de la Constitución. A destacar y agradecer su ánimo y consejo: “sigue hacia adelante luchando por los pobres”. También son bálsamo las palabras de Fr. Javier Carballo: “se ha dado visibilidad a la injusticia” y de Fr. Jesús Díaz: “rezo por ti”.

Es justo recordar que más del 70% de la tierra de El Seibo está ocupada por el CR, fruto de la usurpación a los campesinos que caían presos, ya sea con caña de azúcar o potreros. El azúcar que produce representa más del 70% de la producción total del país, más de 1.000 toneladas esclavizando a unas 25.000 personas, en su mayor parte inmigrantes o hijos de inmigrantes haitianos. Sigue inspirando el pensamiento de Mons. Juan Félix Pepén: “el monocultivo asfixiante que ha trastornado totalmente la vida social y económica de esta región. El mal uso de la tierra, usada extensivamente contra todos los principios de la técnica agrícola y de la comunidad social” (Carta Pastoral “Sobre el problema agrario y sus soluciones”, Higüey 1969).

En la distancia del océano pero en la sintonía con la dignidad agradecemos las palabras de Isabel Farfán y Marta Sáiz, muy sensibles a esta sangrante realidad: “en El Seibo brota la vida y se pone de relieve la espiritualidad encarnada, se hace evidente cómo Dios habita en las personas y cómo no hay mejor forma de amar a Dios que respetando la dignidad de cada uno de sus hijos/as. La justicia no es posible cuando no se pueden hacer valer los derechos recogidos en las leyes, o cuando las leyes no reconocen ni protegen los derechos naturales. Dios se hace más presente que nunca en las personas ultrajadas. Afortunadamente, nada ni nadie puede robarles el Reino de los Cielos, es y será de ellas, de forma eterna. Dios mira el corazón e imparte justicia. Traigamos a El Seibo el Reino de los Cielos; hagamos justicia aquí. Entre todos, es posible. El Seibo presente en nuestras oraciones”.

Fr. Miguel Ángel Gullón Pérez, O.P.

lunes, 22 de diciembre de 2025

SEMBRADORES ESTRELLAS

 

Varias parroquias y colegios de Gijón se han reunido para recibir  el envío y vivir un momento lleno de entusiasmo y fe compartida.

Con ilusión salieron a las calles a repartir las estrellas con el mensaje "Jesús nace en ti" , es un gesto sencillo y lleno de esperanza para anunciar la alegría de la Navidad.


viernes, 19 de diciembre de 2025

ALFONSO POMBO,MISIONERO EN PERU

 


Queridos amigos de la Diócesis de Oviedo, un afectuoso saludo desde el puesto de misión de Tacsha Curaray, a orillas del río Napo, en la Amazonía peruana.

El tiempo pasa volando y ya estamos terminando las páginas de este año 2025. Además, hemos llegado al ecuador de nuestro compromiso misionero. Es por ello que me gustaría compartir con vosotros algunas impresiones de lo que ha sido este año y medio aquí en la misión.

Como sabéis, el puesto de Tacsha es de los más pequeños del Vicariato San José del Amazonas y llevaba sin presencia misionera trece años. Es por eso que nuestro trabajo ha sido empezar prácticamente desde cero. Eso ha requerido un ejercicio de paciencia y de aceptar los tiempos de Dios, que no siempre coinciden con los nuestros.

En un entorno como la Amazonía, donde la evangelización ha sido débil y superficial, dado el aislamiento y las dificultades del terreno, en el equipo misionero hemos optado por una misión de presencia, de respeto a la población local y de evangelización con nuestro estilo de vida. Intentamos mostrarnos cercanos y accesibles, generar relaciones de amistad y confianza, sin imposiciones de ninguna clase.


En las tres comunidades en las que trabajamos a diario (Santa María, San Luis y Santa Teresa) la gente ya se ha acostumbrado a nuestra presencia y sentimos su cariño y aprecio. En el resto de comunidades que visitamos apenas dos veces al año notamos, como dice el salmo 42, la sed de Dios en el pueblo sencillo.

Es por eso que una de nuestras prioridades como equipo misionero es formar y fortalecer equipos de agentes de pastoral en las comunidades. Ellos y ellas son los verdaderos artífices de que la llama de la fe no se apague. Ha sido muy gratificante los bautizos que hemos celebrado en comunidades que hacía años no accedían a este sacramento. También ha habido primeras comuniones y una joven confirmanda; pequeñas semillas del Reino.

En este proceso lento, pero necesario, hemos ido descubriendo la presencia de Dios en medio de este pueblo sencillo. No son las capillas más grandes y lujosas, ni las ceremonias y procesiones más multitudinarias; pero es precisamente en medio de esta precariedad donde Dios se manifiesta preferentemente, así como escogió como lugar para encarnarse un humilde pesebre de Belén.

Pero estas semillas de esperanza conviven con el anti-Reino; realidades que deshumanizan y degradan la vida. Alcoholismo, violencia y abuso intrafamiliar, escasas perspectivas de futuro para la juventud, depredación de los recursos naturales, etc. Así como los poderes en tiempo de Jesús rechazaron su mensaje de amor y fraternidad, también hoy en día esos poderes siguen actuando. Desde nuestra humildad, intentamos iluminar estas realidades y acompañar a personas y comunidades en la reclamación de sus derechos.

Porque sabemos que el mal no tiene la última palabra. En breves días vamos a celebrar la fiesta de la Navidad, que es precisamente revivir que Dios se ha hecho uno con nosotros, compartiendo nuestro destino. El mayor regalo de estas fechas es ese niño indefenso que, años después, morirá y resucitará, venciendo así definitivamente a la muerte y el sufrimiento.


Con esa inmensa alegría, vivamos con fe estos días tan bonitos, rodeados de nuestros seres queridos. Desde este pequeño rincón de la Amazonía, deseo a todos los amigos de la Diócesis  de Oviedo una FELIZ NAVIDAD.

Con todo mi cariño.

Alfonso Pombo Fernández



La hermana Ignacia Álvarez Uría, Dominica Asturiana en tierras brasileñas, nos felicita las Navidades.




Estamos terminando El curso escolar y cerrando las actividades del 2025.

Ayer tuvimos fiesta para entrega del certificado de corte y costura  a las mujeres de los barrios que atiende el  proyecto “Acuarela”  . Y hoy fiesta con los niños, visitando el Belén y entrega de regalos

Una vez más, gracias por  vuestra colaboración con lá misión de las Dominicas de la Anunciata en Montes Claros, Brasil.

Buenas fiestas de Navidad y feliz 2026 para toda la diócesis Asturiana.








lunes, 20 de octubre de 2025

Alfonso Pombo - Peru - Cumbre Amazónica del Agua,


Los días 1, 2 y 3 de octubre tuvo lugar en Iquitos la primera Cumbre Amazónica del Agua, organizada por el Vicariato Apostólico de Iquitos con el lema “Somos agua, somos vida, somos esperanza”.


A este encuentro histórico acudieron casi 400 delegados de 10 países para intercambiar experiencias relacionadas con la protección del agua y los ríos, denunciar las actividades que están contaminando el agua y por lo tanto poniendo en peligro la vida de las personas de la Amazonía y dar esperanza para que esta lucha continúe.

Es paradójico que, en la mayor reserva de agua dulce del planeta, casi la mitad de la población del departamento de Loreto no tenga acceso al agua potable por red pública. Y no solo eso, el agua de los ríos está siendo contaminada por diferentes actividades como pueden ser el narcotráfico, los monocultivos intensivos, la explotación petrolera y especialmente la minería ilegal de oro a través de dragas.

En ríos como el Nanay, Tigre, Pastaza, Marañón, Putumayo o Napo, los habitantes sufren graves enfermedades debido a la contaminación de las aguas. El origen de esta situación, como denunciaba en la cumbre el cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, es la avaricia de un sistema económico que rapiña toda la riqueza natural en busca del beneficio económico.

Nos conmovió a todos los asistentes los testimonios en primera persona de los defensores y defensoras de los ríos. Personas, en su gran mayoría indígenas, que no temen arriesgar su vida por proteger su medio de vida, su territorio, sus ríos.

También nos enorgulleció como misioneros la firme defensa que la Iglesia está haciendo del medio ambiente en esta región. Los obispos de Iquitos, Puerto Maldonado o Aguarico, entre otros, están a la vanguardia acompañando estos procesos junto organizaciones sociales e instituciones de la sociedad civil.

Hay un dicho amazónico que dice que los ríos no separan, unen a las poblaciones. El gemir del agua en estos ríos es lo que ha provocado esta cumbre, en defensa de un medio tan vital para la vida. Unidos en el mismo espíritu de Jesús, fuente de agua viva, la Cumbre Amazónica del Agua fue un rayo de esperanza en medio de una realidad oscura y cruel. La Iglesia acompaña esta lucha por un medio ambiente limpio y una vida digna.