(Publicado en ESTA HORA)
“Los niños ayudan a los niños”. Es el antiguo pero siempre
actual mensaje que promueve la Infancia Misionera y que un año más,
celebraremos este próximo domingo, 24 de enero, en esta ocasión con el lema:
“¡Gracias!”
Una iniciativa que nació de una forma discreta, sencilla,
integrada por un grupo de niños que diariamente debían rezar un Avemaría y
dedicar una pequeña limosna al mes, y que con el paso de los años se ha ido
extendiendo, hasta llegar hasta nuestros días, abarcando a millones de niños
procedentes de más de 130 países.
La Infancia Misionera es, en definitiva, una obra mundial,
del Papa y de toda la Iglesia. Su propósito es educar a los niños del mundo en
la solidaridad misionera, en la oración y en la ayuda económica.
Fue una iniciativa pionera, adelantada en 80 años a la
Declaración de los Derechos del Niño, de Ginebra, y 100 años al nacimiento de
UNICEF.
Son los niños, por tanto, los protagonistas de esta campaña.
Ellos, en colegios, parroquias o asociaciones, se organizan para orar y
realizar diversas actividades con las que recoger fondos. El dinero que se
recaude ha de ser fruto de alguna renuncia, un pequeño sacrificio que realiza
cada niño para los demás. Pero no son sólo los pequeños de los países más
desarrollados los que participan, sino que también los niños de países
empobrecidos colaboran en la medida de sus posibilidades, de manera que todos
dan y reciben, abriéndose a la universalidad.
Así se lo recordó el sacerdote diocesano Eduardo Zulaiba,
párroco de Moreda, al grupo de alumnos del colegio Amor de Dios, en Oviedo, en
la charla que les ofreció para hablar sobre la Infancia Misionera. El sacerdote,
que el pasado mes de noviembre regresó de una experiencia en la misión
diocesana de Benín (África), afirmó ante los diferentes grupos que acudieron al
salón de actos, por edades, que “también los niños pueden ser misioneros”.
“¿Qué pasaría si reserváseis –les dijo– diez céntimos del dinero que tenéis
para chuches, para quienes no tienen nada? Quizá diez céntimos de aquí, y diez
de allá, pueden significar mucho para los niños en países empobrecidos”,
reflexionaba el sacerdote.
La Delegación diocesana de Misiones ha organizado durante
esta semana una serie de charlas de misioneros en distintos colegios de
Avilés, Oviedo y Gijón, para sensibilizar a los más pequeños sobre esta
campaña, y narrar sus experiencias en territorios de misión. En concreto, el sacerdote
Eduardo Zulaiba recordó, en el colegio Amor de Dios, que los niños asturianos
recaudaron el año pasado 18.000 euros, “con lo que se pueden hacer muchas cosas
en África”, señaló. Además de la ayuda económica, “los cristianos rezamos,
porque creemos en el valor de la oración, y porque creemos que Dios va a ayudar
a esas personas. ¿Qué pasaría si todos rezáramos a diario un Avemaría por
ellos?”, les preguntó.
En su exposición, el párroco de
Moreda describió a los niños, mediante fotografías, la vida en la misión de
Bembereké, donde se encuentran dos sacerdotes asturianos. “Tenemos en Benín un
cachín de Asturias”, les dijo. A través de la presentación, fue mostrando las
diferentes iglesias que se han ido construyendo en la Misión. “Primero, cuando
los misioneros llegan a un poblado donde no conocen a Dios, y no hay Iglesia,
se reúnen debajo de un árbol con la gente, y empiezan a hablar de Jesucristo:
lo que predicó, lo que nos enseñó, la manera de vivir que Él proponía. Si la
gente así lo desea, comienzan haciendo una capilla con unas ramas, y con un
altar de tierra, todo muy pobre y sencillo. Sin embargo, a medida que el grupo
va creciendo y se fortalece su fe, la Iglesia se construye de una forma más
sólida”.
Sobre los niños africanos tuvo también palabras el
sacerdote, de quienes dijo que “se portaban muy bien en misa, que allí duran
unas dos horas y son una auténtica fiesta, de baile y cánticos. En la Misión de
Bembereké tenemos un internado con chicos cuyos poblados están lejos; allí
pueden tener tres comidas al día, se les facilita estudiar y asistir al
colegio, y no tienen que dedicarse a trabajar la tierra, como harían en su
casa. Aún así, no tienen grandes lujos: hasta hace poco no tenían ni colchones,
tienen que prepararse ellos la comida y su vida no es fácil, sin embargo, no
pierden la sonrisa, a pesar de que no tienen nada. ¡Cuánto podemos aprender de
ellos, nosotros que nos quejamos tanto!”, les decía a los niños, que escuchaban
atentos. De ahí la importancia del lema de la campaña, “¡Gracias!”, una
“palabra que estamos olvidando”, les dijo el sacerdote, y añadió, para
finalizar que “hay mucha gente esperando oír hablar de Jesucirsto. Se necesitan
personas dispuestas a caminar a su lado para dar, sin esperar nada a cambio,
como los misioneros”.
En la campaña de la Infancia Misionera, todo el dinero
recaudado va destinado al Fondo Universal de Solidaridad de la Obra de Infancia
Misionera, y desde ahí, se reparte en proyectos principalmente de sanidad, de
educación, o de evangelización, principalmente en África, seguida por Asia,
América y Oceanía.
La aportación mundial de Europa en el año 2014 fue de
10.813.694,07 euros; de América, 2.057.123,07 euros; de Asia, 1.579.314,40 euros;
de Oceanía 2.165.754,57 euros y de África, 700.170,77 euros. Los niños
españoles son los segundos más generosos con la infancia misionera, después de
Alemania, con 2.727.721,66 euros, en el 2014.
“Los profesores tenemos que sembrar”
En el colegio Amor de Dios, en
Oviedo, llevan semanas hablando sobre la campaña de la Infancia Misionera. Ya
desde antes de Navidad, los profesores han trabajado con los niños la
importancia del compartir. Begoña Rubio Santiago, profesora del colegio y
tutora de Primaria, señala ya que “desde por la mañana, comenzamos con una
oración, a las 9, recordando las necesidades de tantos pequeños en el mundo.
Les hablamos con un lenguaje muy sencillo, les explicamos el cartel de este
año, con el lema “¡Gracias!”, y les insistimos en que los niños que pasan
necesidades son exactamente iguales que ellos, pero que no han tenido tanta
suerte. Ellos tienen ropa, colegio, mamá y papá, y si se ponen malos, pueden ir
al médico, pero éstos no tienen ropa que vestir, ni comida que comer, y si se
ponen malitos los papás no les pueden llevar al médico; de hecho, muchos de
ellos no tienen papás, especialmente en aquellos países donde hay conflictos y
guerras”.
La sensibilización comenzó antes de Navidad, y en vacaciones
“se llevaron todos sus huchas, para ponerlas al lado del belén. Les explicamos
–señala Begoña–, que cuando viniera gente a casa y les preguntaran por la
hucha, ellos podrían explicar que es para ir metiendo algo de dinero para los
niños que no tienen tanta suerte como ellos. Y ellos, todos los domingos, por
ejemplo, si los papás les dan dinero para chuches, pueden sacrificarse un
día y ese dinero meterlo en la huchita, y se van mentalizando”. Una labor
gratificante, reconoce la profesora, que comprueba cómo los niños “son
receptivos, a veces pensamos que no se acuerdan de lo que les decimos, pero no
es así, claro que se acuerdan, y nuestra labor como profesores es sembrar,
porque luego eso queda ahí”.
Así lo demuestra Lucía Cerrada Velasco, alumna del colegio,
de sexto de Primaria. Con once años, señala que la campaña le parece una “buena
acción, porque nosotros tenemos mucho dinero y muchas cosas y los otros niños
no lo tienen. Yo creo que tenemos los mismos derechos: a tener a una casa, una
educación, y vacunas”. El lema “¡Gracias!” es importante –según ella– “porque
muchos de nosotros, cuando nos dan algo y no nos gusta, no lo queremos, y no
pensamos en los niños que darían lo que fuera para tenerlo. Tenemos que aprender
a agradecer”.