Esta
es la experiencia de una voluntaria del grupo de Misiones de Pola de Siero.
Asun, descubrió que en su jubilación podía echar una mano en tierras de
misiones y suele irse a Guatemala una vez al año ,hecha una mano allí donde la
llaman. Hoy nos cuenta su experiencia de este último viaje
Por fin me decidí y fui a conocer
la realidad más triste y dura que pueda uno imaginar. Fui al Basurero en la
zona tres en Guatemala.
Aquella gente trabaja recogiendo de la
basura, todo, si casi todo. Plásticos, botellas, juguetes, ropa... si tienen
suerte , comida.
El
dia que fui con la hermana Maruca era un día precioso, el cielo azul más
bien fresquito y sin casi aire, que trajese más olores de los que ya
había.
Solo imaginarme todo ese enorme barrio un
día de la temporada de lluvias que dura seis meses, se me ponían los pelos de
punta.
El
Barrio de calles estrechas, con casas de hojalata es completo. Tiene una plaza
céntrica pequeña, donde juegan muchos niños. Tiene ventas (tiendas) Aquí en
Guatemala muy pocos ,me decía el padre Toño Noval, alcanzan el escaso salario
mínimo, teniendo que ingeniárselas para poder llevar unos frijolitos al plato
de sus hijos.
La reunión fue en casa de una familia
todas trabajan recogiendo basura. Lavándola y vendiéndola.
Yo pregunté y pregunté. Me dolía el
corazón por ellas
La señora mayor, no pregunté los años
porque se fijó que es bastante más joven que yo.Trabajó siempre ahí. Baja el
día que su salud le deja, al Basurero que está al lado y con mucha suerte
saca unos 20 quesales, no llega a los tres euros .
Todas anhelan que sus hijos estudien,
hasta hay un localito con algún ordenador , donde van los hijos cuando pueden
pagarlo a hacer trabajos que mandan del colegio.
Mucho mérito tienen las hermanas que
ponen allí alguna escuela y las maestras. No os imagináis los olores. Claro que
como diréis algunos “A todo se acostumbra uno”.